niño y inteligencia emocional

Cómo trabajamos la Inteligencia Emocional

Hoy en día las personas que estamos en contacto con el mundo de la educación o de la crianza sabemos de la importancia de la educación emocional para los peques. Lo que a veces, cuesta un poco de comprender es que la para poder llevar a cabo un acompañamiento emocional adecuado a las necesidades reales de los niños y niñas, somos nosotros los adultos los que debemos reflexionar sobre cómo trabajamos la Inteligencia Emocional.

Si te apetece puedes mirar el video 🙂

Vamos a hablar de las fases imprescindibles para llevar a cabo una práctica real y aterrizar el tema de la educación emocional.
El primer paso para poder acompañar emocionalmente a los niños, es que nosotros los adultos aprendamos a compartir des de la intimidad nuestros territorios emocionales.

En esa intimidad, en esa comunicación a corazón abierto es dónde el niño aprenderá a ponerle nombre a los estados emocionalmente ampliados.

Cuando hablamos de las emociones, es fácil quedarse con conclusiones simples o demasiado superficiales. Es necesario que dediquemos unos instantes a revisar nuestros estados emocionales con conciencia plena.

Por ejemplo, imagínate ante una situación complicada de la vida, que te genera malestar. Podrías decir: «siento mucha rabia». «Estoy enfadada». Y quedarte ahí. Sería un buen primer paso.

Pero para llegar a cabo una conciencia real de lo que estamos sintiendo hay que ir un poco más allá. La Inteligencia Emocional aplicada a la vida real nos ofrece la posibilidad de sanarnos y liberarnos de aquello que nos hace daño. Podemos aprovechar el momento dado para elaborar un proceso que nos ayude a gestionar nuestras emociones.

Siguiendo con el ejemplo, a menudo detrás de esa emoción de rabia intensa, suele haber tristeza, por ejemplo, sentimientos de decepción, de culpa o de vergüenza. Emociones diversas que crean un estado emocional alterado y que suelen abrumarnos cuando nos conectan con experiencias vividas en nuestro pasado.

Cuando pasa...
Yo me siento...

¿Cuándo me sentí así?
¿Qué creencia pude instalar en ese momento?

Este pequeño ejercicio nos ayuda a conectar y comprender cómo nos estamos sintiendo. La conciencia de las emociones es un acto que conlleva reconocernos. Reconocer nuestras emociones y cuáles son los pensamientos que las acompañan.

Cómo ayudar a los niños a concienciar.

Si tienes claro lo que hemos comentado en el anterior apartado ahora estarás más disponible para poder acompañar a los más pequeños. Para que ellos y ellas aprendan a concienciar y reconocer aquello que sienten básicamente se trata de acompañarles desde la presencia. Una actitud que lo cambia todo.

Debemos tener en cuenta que entre los 0- 6 años, básicamente el mundo de los niños es totalmente emocional. Aún se están desarrollando las funciones superiores del cerebro y por eso necesitan que los adultos les ayudemos. ¿Cómo trabajamos la Inteligencia Emocional?

Ofreciendo presencia. Con el ejemplo. Poniendo palabras a lo que sienten.

Es importante que validemos sus emociones. Sin juzgar si tienen derecho a sentirse como se sienten. Legitimar nuestras emociones es muy importante para poder desarrollar una buena autoestima. Es necesario que comprendamos que nadie tiene derecho a juzgar cómo nos sentimos de de bien pequeños. Ahora bien, ¿qué hacemos con aquellos que sentimos?

Regular las emociones.

Ok, ya sabemos lo que sentimos. Ahora ¿cómo las regulamos? Cuando estamos acompañando a los peques, muchas veces caemos en el descuido de realizar solo la primera parte. Es decir, les ayudamos a poner palabras a lo que sienten pero les dejamos muy solos en medio de su caos emocional. Respetar lo que sienten no es abandonarlos a su suerte. Necesitan nuestro acompañamiento e intervención. Necesitaran nuestra guía, orientaciones y que les ofrezcamos alternativas para que puedan expresar sus emociones de una manera no-destructiva.

Volvemos al punto de partida. Para poder regular las emociones es necesario que nosotros los adultos hayamos transitado nuestro propio camino. Si hemos aprendido a regularnos, sabremos qué estrategias podemos utilizar para canalizar y expresar dichas emociones de una forma sostenible, saludable y que nos aporte bienestar.

Regular las emociones no es reprimirlas o bloquearlas.

Si no sabes cómo regulas tus emociones te invito a que leas el post sobre el autocuidado Te ayudará a reflexionar sobre cómo gestiones tus emociones y aquello que te sucede en la vida.

Los peques van a necesitar que les ayudes a regular aquello que sienten y debemos trabajar para que poco a poco vayan ganando en autonomía y eso les permita su propio autoregulación. Es cuestión de práctica y de ir aprovechando el día a día.

Cómo trabajamos la Inteligencia Emocional en el cole.

En muchas escuelas se han quedado con la primera idea y me dicen: Mira Gisela, nosotros trabajamos la educación emocional porque tenemos unas caritas de emociones (a menudo, solo las básicas) y cada niño por la mañana dice como se siente»

Yo siempre les explico lo mismo. Está bien que trabajéis el hecho de reconocer emociones. Yo misma había hecho varias actividades donde les mostraba a los niños fotografías con diferentes expresiones y les pedía a ellos que me dijeran qué creían que les debía estar pasando a esos niños de las fotos. Lo importante era lo que ellos decía y su interpretación. Es una propuesta interesante bajo mi punto de vista pero…

Pero lo realmente importante es ¿cómo acompañamos las emociones durante todo el día?

Porque un niño que a las 9:00 de la mañana te dice que está triste, a los diez minutos puede estar alegre y a los siguientes veinte minutos puede estar enfadadísimo con su compañero. Su mundo emocional es inestable y cambiante. Conectan y desconectan de las emociones con la misma rapidez en que exploran el mundo. Eso no quiere decir que nos las atendamos. Al contrario, significa que requieren adultos disponibles que puedan sostenerlos emocionalmente.

Para ver analizar cómo trabajamos la Inteligencia Emocional en los diferentes proyectos educativos yo empezaría por cuestionarme estos tres aspectos:

  1. ¿Cómo mediamos en los conflictos?
  2. ¿Atendemos las demandas/ necesidades reales afectivas y de aprendizaje?
  3. ¿Le sostenemos y respetamos emocionalmente cuándo están tristes, añorados, cansados…

La fusión emocional.

Para entender cómo trabajar la Inteligencia Emocional es importante también conocer el concepto de fusión emocional del niño con sus referentes (papás y mamás). Mucho se ha hablado de la fusión emocional de la madre con su bebé recién nacido. Una forma de comunicación emocional entre madre e hijo que permite la supervivencia del cachorro y ayuda a la mamá a atenderle casi instintivamente.

Pero a mí me gusta hablar de esa fusión emocional de una forma ampliada. Con una mirada abierta que incluye unos lazos emocionales con las personas con las que compartimos vínculos íntimos. El niño siente cómo están sus referentes, se contagia y puede percibir estados emocionales. Es por eso, que muchas veces, será necesario responsabilizarnos del clima emocional que generamos en la convivencia. Poner conciencia a esto, también nos ayudará a ofrecer al niño palabras mediadoras que le ayuden a organizar aquello que sabe.

Gisela Baz

Gisela Baz

Conscious Life Coach.
Disfruta de una vida consciente.

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