madre consolando rabieta

Cómo gestionar las rabietas.

Esta semana os traigo otro tema nada novedoso. Es más, cómo gestionar las rabietas es un tema recurrente cuando hablamos de crianza o de educación. Se ha hablado mucho de las rabietas y hay mucha información en internet al respecto.

Hace algunos años, la visión más generalizada sobre cómo gestionar las rabietas se basaba en decirle a los padres y madres que ignoraran a su hijo cuando se pusieran «fuera de si». Yo no lo siento así, creo que un niño en medio de un caos emocional debe estar sostenido por el adulto y debe ser éste quien le ofrezca una salida a ese estado de «sobreactivación». Prácticas como gritar, regañar, ignorar, castigar no sirven, de hecho empeoran la situación.

Así que os voy a intentar compartir cómo yo gestiono las rabietas. Esta vez desde mi opción, con el criterio de base de intentar ayudar al niño, acompañarlo y a la vez poder intervenir con autoridad.

Comprender la rabieta.

Ya sabéis mi opinión al respecto sobre intentar dar consejos generalizados respecto a temas de crianza porque no se ajustan a las necesidades reales de cada persona o niño. Además, «cada maestrillo tiene su librillo» y depende con el profesional que habléis os va a dar unas indicaciones u otras.

Antes de nada, para mí es necesario que comprendáis qué es una rabieta en niños de 2, 3 o 4 años.. De entrada, es un estado emocional alterado. Una sobreactivación del sistema nervioso central que provoca un desbordamiento emocional. Hay muchas emociones envueltas en medio de una rabieta pero básicamente suele moverse en un espectro entre la rabia y la frustración expresadas de forma explosiva.

Si te apetece puedes ver el video 😉

Creo que es necesario trabajar a dos niveles de profundidad. Por un lado el cómo acompañamos el momento de la rabieta y por el otro lo que sucede alrededor de esas rabietas con tus hijos/as y con vosotros mismos.

Además, para poder gestionar las rabietas será necesario que trabajemos tu autoridad o liderazgo. Será necesario que te conviertas en una autoridad moral que provoca la admiración profunda del pequeño.

¿Cómo gestionar las rabietas?

Yo tengo mi propio método, le llamo RAS: Respirar, Acoger y Sostener desde la presencia y la conexión con el momento. ¿Es fácil? No. De hecho, es complejo porque requiere de mucha conexión contigo mismo, con el otro y con lo que está sucediendo. Además requiere que conectes con tu liderazgo para poder indicarle cómo no debe expresar sus emociones (pegar, romper, gritar…) y a la vez indicarle alternativas menos agresivas. Quizás necesite llorar o abrazarte pero debes poder expresar el límite de una forma clara, firme y concisa: ASÍ NO.

Respirar.

Ya sé que parece obvio pero, créeme, no lo es. Lo primero que nos sucede a los adultos ante una rabieta es que nos tensamos. Seamos más o menos conscientes. Nuestro cuerpo se tensa y cortamos nuestra respiración. A veces, desde ahí lo que hacemos es bloquear nuestras propias emociones y es difícil conectar y empatizar con lo que está sucediendo.

Así que respira. Toma aire y haz dos o tres inhalaciones y exhalaciones profundas. Es el primer paso, sencillo pero imprescindible para poder gestionar las rabietas.

Acoger.

Una vez hayas respirado, podrás acoger aquello que está pasando. Aceptar la situación es difícil sobretodo si la rabieta es en medio de la calle o con familiares delante. Valora que puedes estar sintiendo que te provoca rechazo. Sentimientos de juicio externo (la gente que pasa por la calle), de vergüenza, de culpa… o incluso sentir que pierdes el control. La sensación de «descontrol» suele abrumarnos cuando no sabemos cómo gestionar las rabietas.

Ten siempre presente que el niño o a niña no es responsable las emociones que se despiertan en ti. Simplemente, ponle consciencia y no dejes que se encienda en ti la rabia por no poder acoger la situación.

Sostener.

Ahora es momento de sostener al pequeño. Has respirado, has acogido tus emociones y aceptado lo que está pasando y ahora toca acompañar y ayudar al niño/a a gestionar sus propias emociones. ¿Cómo? con tu cuerpo, con tu energía, con tu presencia y con tu amor.

Será necesario que te conectes con tu hijo/a para poder intentar entender qué necesita en esos momentos.

No es el momento de conversar.

En ese momento no es momento de valorar ni de dialogar nada. Muchas personas confunden el echo de intentar poner palabras a las emociones intensas de sus hijos con intentar tener grandes y profundas conversaciones en medio de la rabieta. Yo personalmente, esto no lo aconsejo. Cuando el cerebro límbico está activado, el niño no es capaz de procesar la información, razonar o poner en marcha las funciones superiores del cerebro. A este fenómeno se le llama rapto o secuestro emocional.

Este fenómeno no es único en la infancia, los adultos también experimentamos ese secuestro emocional, cuando sentimos emociones intensas como la ira o el enfado que hacen que actuemos de forma impulsiva y que no podamos responder de forma consciente. De igual manera, en que tu necesitas estar calmado para poder entablar conversaciones importantes con tu pareja o un amigo con el que hayas discutido. Permítele al niño volver a un estado de «centramiento» antes de intentar que razone.

Frases cortas, informativas o descriptivas serian la mejor opción. Que ayuden al niño a reconocer qué siente y cómo expresarlo. «Tienes sueño» «Estás cansado» «Veo que estás muy enfadado».

El verdadero «curro» está fuera de la rabieta. 

Lo importante es ir trabajando paralelamente vuestras intervenciones. Por una parte el momento de la rabieta donde vais a tener que acompañar ese instante y después hay que proporcionar una estructura emocional que le ayude a ir expresando sus tensiones de otra manera.

Es importante trabajar con los peques dando «rodeos». Es decir, a menudo, las rabietas remiten o rebajan su intensidad cuando trabajamos el sistema emocional del niño de una forma más global.

Intenta valorar si existen situaciones o vivencias que puedan estar influyendo en su su estado emocional. A veces hay episodios fuertes de rabietas por falta de presencia paternal/maternal por estar trabajando mucho, tensiones en el ambiente familiar, cambios de rutinas, mudanzas, la llegada de un hermano/a, o incluso el propio cansancio después de una jornada escolar…

Lo que NO debemos hacer.

No le pegues. Jamás. Fin.

Si alguna vez pierdes los papeles y le faltas el respeto a un niño pide ayuda profesional que te ayude a gestionar mejor tus propias emociones. Quizás estés pasando un episodio de estrés muy fuerte que vale la pena abordar por tu propio bienestar y el de tu familia.

No te pongas a su nivel. No discutas ni respondas. Si se pasa de la ralla muéstrale donde está el límite. Sin más. Una cosa es conversar y debatir y la otra bien distinta es entrar en discusiones absurdas con el peque. No olvides que tú eres el adulto.

Gisela Baz

Gisela Baz

Conscious Life Coach.
Disfruta de una vida consciente.

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