niña en el monte

Quiere ser una princesa ¿y qué?

A mi hija «le gustan las princesas» es que «ella quiere ser una princesa«, muchas familias se justifican y se sorprenden ante el deseo repentino de las niñas por vestir con faldas largas, llenarlo todo de purpurina y tener un poni lila. Hay un sector de mujeres muy feministas que se permiten el lujo de juzgar a otras mujeres por ser «muy princesas».

Una vez, una madre de un cole le dijo a una compañera mía, que la profe de su hija (era yo) le gustaba… pero que le parecía «demasiado princesa» para su hija.

Reconozco que me dolió. Que alguien pensara que yo no era un buen referente para una niña era duro para mí. Y más cuando la crítica venía de otra mujer. Pero intenté refugiarme de nuevo en la sororidad que nos hermana y pensé en que yo no le hacía daño a nadie por difrutar de mi feminidad como me diese la gana. De hecho, pensé que eso de «ser demasiado femenina o demasiado masculina» era un comentario bastante opresivo y machista.

La feminidad

La verdad es que yo no sé si lo dijo, intentando insultar a mi parte «más femenina» ¿Por qué me pinto las uñas? ¿Por qué uso pintalabios? o ¿por qué llevo un unicornio tatuado en el brazo? (lo sé, ahí me la juego xD)

La cuestión es que durante muchos años yo también quise mostrar una imagen de tía dura. No me gustaba la idea de seguir perpetuando estereotipos de género. Odié el rosa, nunca jamás me ponía falda y hasta me rapé la melena. Supongo que para esa madre, esa Gisela sí hubiese encajado en su «mujer perfecta liberada del sistema heteropatriarcal» no?

Pero por suerte, pasé un proceso de deconstrucción desde donde puedo sentirme más libre y más yo. Me reconcilié con mi feminidad y me di cuenta que el feminismo tan solo se trata de disfrutar de hacer y de ser lo que nos apetezca en cada momento. Liberarnos de todas esas cargas. De todas las expectativas a cumplir por el hecho de haber nacido con un cuerpo u otro.

Los niños también quiere ser princesas.

Esto es así. Y yo me pregunto, ¿y qué? ¿Qué pasa porqué niños y niñas quieran jugar a un mundo fantástico lleno de arcoíris, nubes de algodón, unicornios y castillos encantados?

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Algunas personas se echan las manos a la cabeza cuando las niñas quieren jugar a princesas pero no se escandalizan igual cuando los niños juegan a caballeros o monstruos. Haciendo una demostración de fuerza y virilidad.

Aquí en Catalunya, cuando llega Sant Jordi, muchos niños se disfrazan de caballeros, cogen su espada y su armadura, y juegan durante días a matar dragones y a salvar princesas. Aquí nadie les cuestiona o les mira por encima del hombro.

Y para mi es lo mismo.

El reto está en que los niños también puedan jugar a ser princesas (a ellos también les gustan los objetos brillantes y los vestidos interminables) Y en que ellas se sientan libres de jugar a ser caballeros. Ojalá llegue el día en que los roles se puedan intercambiar de forma natural durante el juego y el adulto deje fuera su mirada de juicio.

En el juego todo vale. Igual que ahora soy un caballero, luego soy un dinosaurio, mañana un gatito o “la mamá”. Ellos y ellas exploran, se identifican y van elaborando quien son gracias al juego simbólico.

¿Qué hay de malo en querer jugar a princesas?

El patriarcado oprime por igual a unos y a otros. El problema no es jugar a disfrazarse de princesas. El problema es lo que se supone que está bien o no dependiendo de si eres niño o niña. La dificultad está en las expectativas que generamos entorno al género.

El problema no es que una niña quiera ponerse enormes lazos en el pelo, el problema es que se le obligue a llevar lazos por el hecho de serlo.

En el caso de las niñas, se añade el problema de la connotación sociocultural que hay detrás del ser princesa (tonta, superficial, dependiente…)

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El juego infantil no debería entender de género.

Es cierto. Las princesas estan cargadas de estereotipos que forman parte de nuestra identidad cultural.

De eso, tienen mucha responsabilidad los cuentos tradicionales y las películas infantiles.

Esos cuentos reflejaban un momento social, en el que el patriarcado campaba a sus anchas y a las mujeres se nos relegaba a un papel secundario: la princesa salvada y sumisa o la bruja malvada.

El feminismo nos libera a todxs.

El feminismo es la liberación y empoderación de las mujeres y como resultado de ello, se da la igualdad. 

Por eso yo reivindico la purpurina, la feminidad, el rosa, los unicornios, lo suave, lo dulce, la emoción y los tutús. Para ellas y muy especialmente para ellos.

niños disfrazados de pirata

Así como reivindico que el azul es un color de niñas, que las capas y las super heroinas estan de moda, que ellas son geniales piratas, realmente montruosas e increibles caballeras del castillo. 

Por suerte, las películas Disney también evolucionan.

Las de mi generación ya crecimos con Pocahontas la primera princesa que al final de la película dice adiós a su amado. No es que no le interese el amor, pero quedarse para gobernar su pueblo le parecía más importante.

Que sí, que queda mucho por hacer. Pero algo está cambiando:

Brave

Pero en la película Brave (valiente) nos enseña cómo puede ser una relación de madre e hija y que los problemas se pueden resolver hablando las cosas.

Frozen

En Frozen no se lucha contra un malvado, sino que Elsa lucha contra ella misma, ya que emprende un largo camino para encontrarse a sí misma.

Vaiana

Mi querida Vaiana. Una princesa que no cumple con los estereotipos de belleza, es curiosa, aventurera, luchadora, navegante, aprende de sus errores, inteligente y el matrimonio ni se menciona en la película. Me enamoré de ese personaje.

«Mi hija quiere ser una princesa»

La próxima vez que una niña diga que quiere jugar a princesas. Muéstrale como las princesas también molan.

Está en nuestras manos cambiar el constructo social.

Reivindiquemos todas las posibilidades de ser mujer. Se puede ser guapa e inteligente. Se puede llevar maquillaje y usar el cerebro. Puedes tener pareja y no ser dependiente. Puedes llevar falda y ponerte tacones y no ser superficial. Se puede vestir de chandal y ser femenina. Se puede ser mujer y no ser femenina.

Se puede ser hombre y disfrutar de tu feminidad. Se puede ser mujer, adorar el rosa y ser valiente. Se puede ser apasionada y enamoradiza y tener amor propio. Se puede ser entregada y salvarse a si misma. Se puede no querer casarse nunca o se puede soñar con formar una familia.

Esto es coeducación:

a boneca de william 11

Una niña (y un niño) puede ser lo que de le gana de ser, princesa incluida.

quiere ser una princesa
Gisela Baz

Gisela Baz

Conscious Life Coach.
Disfruta de una vida consciente.

2 comentarios en “Quiere ser una princesa ¿y qué?”

  1. Buenos días Gisela,
    me ha parecido muy interesante tu artículo y este tema en concreto, yo también tengo una niña de 3 años y medio que quiere ser princesa.
    Y realmente desde mi punto de vista el problema no es que quiera ser princesa, pero que tal vez no quiera ser princesa porque esto salga de su interior, sino porque el conjunto de influencias que le llegan de su entorno la coaccionen e influencien para querer serlo, dejando de lado otros tipos de juego o modelos. A esta edad todavía son muy pequeños como para poder elegir conscientemente, y a mí me gustaría que le llegara el abanico completo de posibles actividades y juegos para que pueda escoger libremente, sin presión social/publicitaria etc.
    Evidentemente la respeto y le compro lo que ella me pide, no le voy a comprar regalos de Navidad que no le gusten.
    Pero intento hacer todo lo posible para que lleguen también otro tipo de ideas, y a veces me siento totalmente impotente intentando equilibrar tal aluvión de estímulos, todos en esta misma dirección.
    Un abrazo,
    Susanne.

    Responder
    • Muchísimas gracias por tu comentario Susanne. De entrada decirte que el primer paso siempre es que los adultos tengamos esa mirada de sensibilidad hacia las cuestiones relacionadas con el género. Tu hija ya tiene mucho ganado en ese aspecto. Eso no nos evita que tengamos miles de contradicciones pero nos ayuda a ejercer un acompañamiento más consciente. Es cierto que tenemos que seguir luchando contra los anuncios y publicidad abusiva. El problema ni siquiera es el juguete o el material en si mismo, el problema es que nos vendan ese «mundo de niños» y ese «mundo de niñas» diferenciado. Lo que sí que podemos trabajar, en la línea de lo que tu indicas, es en hacerles llegar a través de nuestras propuestas otros juegos y opciones. Pero si al final ella elige princesas, es porque encuentra una forma de placer en ese tipo de juego. También se me ocurre que la vayáis acompañando a medida que se vaya haciendo mayor a reflexionar sobre las cualidades y aptitudes de las princesas y en que ella vaya definiendo su propio concepto 😉

      Un abrazo y gracias por compartir.

      Responder

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