Un enfado no modifica el amor.

«Intento no enfadarme» o «creo que no lo hice bien, porque al final me enfadé» «no me enfado nunca» Son algunas de las frases que suelo escuchar en nuestras sesiones de Consultoría familiar.

Siempre pienso de donde debe salir ese miedo al enfadarse, a sentir y reconocer la rabia cuando algo nos molesta. ¿De dónde hemos sacado que mostrar el enfado no nos está permitido? Supongo lo que queremos es decir es que nos gustaría tener más paciencia, no sobreactivarnos o perder los nervios por cosas sin importancia…

A demás, ni siquiera creo que sea el propio enfado lo que no nos gusta es sentir, es la sensación de que nos desbordamos. Sentir que nos podemos llegar a «descontrolar» emocionalmente. Y en este sentido, confluyen dos estilos educativos que van desde el no mostrarse nunca enfadado a tratar a los demás siempre con una actitud hostil.

Lo cierto es que la sensación de «culpa» sobre algunas familias que desean educar a sus hijos/as desde el amor y el respeto se da por ciertos discursos teóricos dentro de la crianza respetuosa que dicen que no nos deberíamos alterar ni sentir emociones intensas (como si éstas no formasen parte de la vida) y que es mejor no enfadarnos. Son los mismos discursos que defienden que no hay que poner límites a los niños/as.

Ya sabéis que mi palabra mágica en educación es EQUILIBRIO. Y en este tema más. ¿Se puede decir No y BASTA enfadados, de forma firme pero sin perder los nervios?

Acompañar las emociones.

Bajo mi punto de vista, la rabia y la agresividad no son emociones «malas». Emociones de las que haya que huir o esconderse. Y mucho menos negar. Están ahí y la rabia nos ayuda a luchar por aquello en lo que creemos. Lo que sí podemos elegir es qué vamos a hacer con aquello que estamos sintiendo y pensar dónde lo vamos a colocar.

Para poder acompañar las emociones la tenemos que dejar ser, permitir que se den. Si negamos la rabia en nosotros y no dejamos que aparezca el enfado, nunca podremos ofrecer ejemplo a los niños/as de la gestión que hacemos cuando sentimos esas emociones.

La rabia bien comprendida.

Ahora bien, que nos dejemos sentir el enfado, la molestia o el disgusto no significa que vayamos por ahí soltando explosiones de ira contra los demás. Es importante responsabilizarnos de nuestras emociones. La rabia es una fuerza que nos ayuda a movilizarnos, a salir de lo que no nos gusta o no es bueno para nosotros. La rabia constructiva si la escuchas, te invita a amarte muy fuerte. Te da pistas de aquello que percibes como injusticia o te avisa cuando se ve amenazada tu dignidad personal. Te da fuerzas para actuar. Es necesario enfadarse por las cosas que importan, cuando es debido y con quién es debido.

Es un recurso valioso que debemos transmitirle a los niños/a como tal. La rabia es una fuerza poderosa interna, un recurso personal que forma parte de ellos/as.

Observa qué te hace enfadar

En general, nos enfadamos cuando sentimos frustración u obstáculos frente a algo que queremos y deseamos. Pero también nos enfadamos cuando se hiere nuestro sistema de valores, ante una injusticia, si se pone en juego nuestra autoestima, cuando percibimos que hay intención de hacer daño… Son muchos los factores que pueden hacer que sintamos ira en un momento dado. Conócete. Observa también si tu percepción o interpretación de la realidad te está jugando una mala pasada. Si necesitas ayuda para reinterpretar las conductas de tu hijo/a pide una sesión de Consultoría.

Cultivar la serenidad

Comprender que enfadarse es natural y forma parte de la vida no significa que demos rienda suelta. Recordad que nuestro objetivo siempre es poner nuestro bienestar al servicio de la relación con el otro. A demás, resulta muy incómodo permanecer al lado de alguien que está continuamente enfadado.

Busca tu paz interior, la manera en que puedas estar en un estado interno de serenidad. Es la única manera de no sobreexcitarte, no dar respuestas impulsivas o tener más paciencia para lidiar con el día a día. Por eso, la importancia del autocuidado, para mí, es esencial.

¿Qué hacemos con nuestro enfado?

Y aquí viene el quid de la cuestión. El primer paso es dejarte sentir tu enfado, permitirte sentir la rabia y el segundo paso es no dirigirla hacia el otro, no responder de forma colérica. Puedes mostrarte enfadado, tu expresión facial le dará pistas al niño/a sobre tu desacuerdo con aquello que está pasando.

Pero es imprescindible que cada uno tenga sus recursos personales para canalizar el enfado sin llegar a sentirse dominado por él. No descargues tu ira contra nadie ni nada de forma destructiva. Aprende a cómo puedes expresarla y dejarla salir. De este modo, te convertirás en ejemplo y referente de regulación emocional para tu hijo/a. Además, de poder acompañar mejor los momentos de ira de él o ella.

Es importante que cuando el niño/a haga algo que te haga enfadar sientas en lo más profundo de tu corazón el mensaje de que un enfado no modifica el amor. Mírale a los ojos y muéstrale que ante una conducta no adecuada lo que falla es la conducta nunca lo quién es él o ella.

Una mochila de recursos.

Vamos a intentar compartir algunos recursos i ideas de inspiración para poder gestionar la rabia en momentos puntuales o en esos días en que necesitas cambiar tu estado anímico porque te sientes malhumorada.

  • Permítete expresar y liberar tensión (puedes cagarte en todo un ratito y NO PASA NADA)
  • Conecta con la energía de la comprensión y la compasión.
  • Busca de donde nace tu percepción de «amenaza». Qué te molesta exactamente.
  • Detecta cuando estás cansada y descansa. Es una prioridad.
  • Respirar y entrar en un estado más calmado para poder conversar sobre lo que nos molesta.
  • Hacer balance de las consecuencias de nuestras actuaciones. Decidir si vamos a actuar movidos por la rabia y cómo. Podemos aprovechar su fuerza para pasar a la acción.
  • Revisa cómo ha ido todo al finalizar la situación. Si el resultado te hace sentir bien, si has hecho una buena gestión o quizás la próxima vez podrías elegirlo hacer de otra forma.
  • En la medida que puedas, ayúdate del humor. Le quita hierro al asunto y hace que nos comuniquemos de una forma menos agresiva.
  • Pon palabras a lo que sientes y describe qué necesitas. Utiliza la Comunicación No Violenta para expresar tus deseos, intereses o emociones.
  • Haz ejercicio, sal a pasear, correr, ves a bailar…
  • Desahogarse con alguien de confianza. Hablar del tema ayuda a canalizar el malestar.
  • Respirar. Concentrarse en la respiración hasta que baje la intensidad emocional.
  • El arte. Pintar, dibujar, tocar un instrumento a veces ayuda a canalizar las emociones.

¿Y tú? ¿Tienes cargada tu mochila de recursos conscientes para la gestión emocional?

Gisela Baz

Gisela Baz

Conscious Life Coach.
Disfruta de una vida consciente.

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