Gisela Baz.

Como hablar de la muerte con los niños.

La muerte es un misterio difícil de explicar, especialmente para los niños y niñas. Pero es importante no esquivarlo y asegurarnos de que los niños y niñas lo entiendan. Para ello es esencial que nosotros, los adultos, estemos dispuestos a conversar sobre el tema de la muerte.

Creemos que protegiéndolos de la muerte les ahorramos sufrimiento, pero es todo lo contrario, los apartamos de un evento fundamental en sus vidas y es imposible evitarles todo el dolor. El proceso de duelo debemos acompañarlo de igual manera que acompañamos otras emociones intensas.

Ponerle palabras a este suceso resulta muy difícil por eso es importante disponer de recursos que nos ayuden a afrontar esta realidad del mejor modo posible. No podemos hacer como si nada hubiera pasado, o dejar que “el tiempo ponga las cosas en su sitio”. Ni dejar el tema al azar. La manera en cómo los niños afrontan una pérdida los va a ir modelando y transformando en los adultos que van a ser. Somos lo que somos, en parte, por cómo afrontamos las pérdidas.

La muerte forma parte de la vida y aunque pensemos que no diciéndoles nada, les protegemos, la realidad es que no lo hacemos. Niños y muerte. Dos palabras que no deberían ir juntas. Como si fueran universos separados. Pero en realidad ellos son capaces de vivirla de una forma más natural que nosotros. Antes de los dos años ya presentan sentimientos de pérdida, de separación o abandono. Emociones que deberemos atender y acompañar aún cuando racionalmente no sean capaces de elaborarlas.

Muchas os habréis fijado que llega un momento en que los propios niños y niñas empiezan a preguntar por la muerte. La muerte pasa a ser un tema de la infancia. La piensan. Por muy desagradable que nos parezca a los adultos. La muerte es un misterio pero ellos la tienen muy presente, en la naturaleza, en los cuentos que les explicamos… Y a veces incluso, pierden a algún ser querido. Vas más allá de si a nosotros como adultos, nos gusta el tema o nos generan rechazo. Los niños y niñas juegan a morir o a matar con espadas. Preguntan, «¿dónde ha ido mi gatito muerto?»

Los adultos suelen pensar que son muy pequeños para poder entender y hablarles del tema. Esto se agrava cuando hablamos del Duelo Gestacional. Ya que en mayor o menor medida, el niño había creado unas expectativas junto con su familia y si no hablamos de ello, pueden quedarse «esperando» a que llegue su hermano/a o incluso, enfadarse muchísimo si no «aparece».

Hay que transmitirle al niño que LA MUERTE ES IRREVERSIBLE. Si el niño o la niña está en edad preescolar pensará que la muerte es reversible o temporal. Que se «puede volver» debido al pensamiento mágico característico de esta edad. Este es el primer gran reto a tener en cuenta cuando acompañemos a niños muy pequeños. Debemos asegurarnos de que comprendan que la muerte es irreversible. Ayudarles a que no se queden en un estado de «espera» eterno.

A partir de los 5-6 años ya empiezan a comprender por sí solos que la muerte es algo definitivo y que todos los seres vivos se mueren. En este caso es muy importante acompañarlos a elaborar su propio duelo y ofrecerles espacios de expresión y de despedida. Más adelante os daré algunas ideas.

Escuchad qué tienen que decir.

Hay muchas familias y educadores que aún hoy en día no saben cómo enfrentar las conversaciones alrededor de la muerte con los niños y niñas. Lo más importante es saber QUÉ SE EXPLICAN ELLOS.

Pregúntale «¿cómo estás? ¿qué crees que ha pasado?» Es importante averiguar si hacen relaciones causa-efecto que les provocan angustias innecesarias. Ellos unen cosas que no tienen que estar unidas y es nuestro trabajo saber qué sienten y piensan ellos sobre la vida para poder ofrecerles otros argumentos.

Pero ¿Cómo les hablamos de la muerte?

Sin miedo. Y si tenéis miedo pues hacerlo con miedo. Para eso es necesario pensar en la muerte. Saber qué pensamos nosotros sobre la muerte y qué piensan ellos. Sobre todo es importante ESCUCHAR qué tienen que decir ellos. No se trata de darles respuestas, explicaciones o darles «la noticia», se trata de conversar y descubrir su imaginario sobre cómo funciona la vida (y la muerte).

Las causas son físicas y hay que explicarlas.

Eso sí, el niño/a tiene que comprender que el cuerpo y sus funciones se han terminado, que se han detenido; que no respira, ni ve, ni oye; no puede caminar ni comer; no pasa frío ni tiene calor; no ve la televisión, no le duelen las cosas, no tiene hambre. Necesitan explicaciones concretas y literales. Mensajes claros y concisos. Hay que ser sinceros. A veces ante una pregunta cómo «¿El abuelo se ha muerto?» La respuesta es simplemente: «Sí». A veces, ellos preguntan: “¿Y yo, me voy a morir?” Podéis responder: ¿en qué estabas pensando? ¿por qué preguntas eso?

El Duelo Gestacional y el silencio.

La llegada de un nuevo miembro a la familia genera mucha ilusión y expectativas en una familia. De repente, la mamá empieza a encontrarse distinta y se prepara mental y energéticamente para la llegada de un nuevo bebé a casa. Pero, muchas veces, más de las que se explican, el embarazo no llega a término. ¿Qué hacemos cuando este embarazo lo perdemos por un aborto involuntario?

Da igual si le habías explicado o no el embarazo o si no había visto crecer tu barriga. Él o ella habrá notado el cambio de energía. Podrá sentir como la alegría del hogar se transforma en una profunda tristeza.

Si no habláis con él o ella de lo que sucede en vuestra familia puede ser que acaben manifestando síntomas somáticos o cambios en su comportamiento. El niño/a hará «síntomas» para mostrar su malestar y sus miedos.

De entrada, la gestión emocional que envuelve a este tipo de pérdida suele ser dura y silenciada. El duelo gestacional es aún hoy en día un tema tabú que hace que las familias transiten por esa experiencia desde la soledad más absoluta. El principal problema del duelo perinatal es que públicamente no está reconocido y socialmente no está expresado. Sintiendo en muchos casos sentimientos profundos de culpa o vergüenza. Se junta el propio dolor de la madre (y el padre), su proceso de duelo, de reestructuración, de revisión de los planes de vida, las tomas de decisiones, con el sostén y acompañamiento al primer hijo o hija.

Es importante ofrecer una respuesta sincera y concreta ante la curiosidad del niño/a. A veces, los adultos podemos responder con un «no lo sé, no sé qué decirte» y está bien. No lo sabemos todo. No te obligues a tener que tener todas las explicaciones. Como he dicho antes, lo más importante es saber qué piensa él o ella.

Date tiempo y espacio para estar triste. Acoge tu dolor y transita tu duelo. Los peques comprenden y aceptan los diferentes estados emocionales. Si ves que se preocupa recuérdale que se trata de un proceso y que aunque ahora te parezca imposible, sabes que poco a poco esa tristeza se irá diluyendo.

Que no te de miedo estar triste. Tu hijo/a sabe que él o ella te hace feliz, sabe que puedes ser muy feliz y estar triste por tu pérdida. Para ellos es totalmente natural estar triste y feliz a la vez, enfadarse y morirse de la risa en un segundo. Sus emociones están mucho más integradas y entrelazadas que las nuestras.

El niño pequeño, más que nadie, sabrá comprender tu estado emocional. Ellos no juzgan como nosotros. Conoce tu mirada y siente tu amor. No tengas miedo a sentir ni a mostrar tus sentimientos hasta que consigas darle un lugar en tu interior.  Poned a disposición de vuestras relaciones la compasión, la honestidad, la empatía, la paciencia, el entendimiento y la comunicación.

Eso sí, ya sabéis, que como siempre digo, ante emociones muy intensas, o desbordamiento emocional es preferible retirarse, aprender a sostenernos y proteger a los menores de la inseguridad que genera un adulto fuera de si.

Introducir rituales o homenajes.

Una buena idea, a mi modo de verlo, es ofrecerle al niño o a la niña la oportunidad de elegir cómo desea recordar a ese bebé. Darle un espacio para poder expresarse. Para hablar de la muerte se pueden usar canciones, símbolos, dibujos, silencios… Cada familia encontrará su estilo propio dependiendo de sus creencias y de cómo conciben la vida y la muerte. Lo que es seguro, es que todo duelo precisa un proceso de despedida y por ello es necesario, respetar los deseos del niño y ofrecerles maneras de proceder en esa despedida.

Es muy importante que le déis un CIERRE. Eso no significa no volver a hablar del tema. Al contrario, para poder elaborar su proceso muchos niños necesitan escuchar y explicar la historia varias veces. Pero ese CIERRE simbólico ayuda a no dejar heridas abiertas y a no dejar abiertos duelos crónicos en el que el proceso se recicla sin terminar nunca.

Algunas ideas habituales que podéis hacer con los peques: Escribirle una carta o hacerle un dibujo, elaborar una caja de recuerdos o plantar un árbol o una planta en su honor.

Pregunta de reflexión: Todas hemos atravesado muertes durante nuestra infancia. ¿Podéis recordar cómo os acompañaron vuestros referentes? ¿sentís que podrían haber hecho algo diferente? ¿Qué harías distinto para acompañar a ese niño/a que fuiste?

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