La vida te da lo que necesitas

La vida te da lo que necesitas.

“La vida no te da lo que quieres, te da lo que necesitas”. Es la frase que más me ha repateado el estómago a lo largo de mi vida. Es la base de cualquier proceso terapéutico o proceso de crecimiento personal que hagas. Pero te juro que a mi me a hecho apretar los dientes por las noches y que me duela la cabeza durante días. Es fácil estar de acuerdo con esa frase si no has vivido experiencias de vida realmente duras. Es fácil tener fe y confiar en la vida, en ti y en tu cuerpo cuando todo funciona. Lo complicado es mantenerte en esa confianza cuando lo que se expresa en tu vida no te gusta o te produce sufrimiento.

A veces, hay experiencias tan terriblemente duras que no debemos buscarle el sentido o una explicación lógica desde el plano de la mente. Otras veces, comprendemos que tuvimos que pasar por algunos procesos para poder disfrutar de quién somos hoy. No sabemos, si quizás, sin esa experiencia de vida, nos hubiésemos convertido de igual forma en quien somos hoy.

Negarme a aceptar esa premisa, de que la vida me da justo lo que necesito en cada momento, me ha mantenido en la rabia y en la frustración durante algunas épocas de mi vida. Piensa que yo tengo un perfil de luchadora y no suelo conformarme a la primera de cambio. Así que cuando creo que las cosas deberían ser de una forma y no lo son, mi primer instinto es tomar acción para cambiar.

Pero hay cosas que no podemos cambiar. Y ahí entra el aprendizaje de la aceptación. Y aunque mi persistencia, mis ganas y mi fuerza a veces me hacen caer en la percepción errónea de que tengo el control, la verdad es que he comprendido que rendirme ante la vida suele ser la mejor opción.

Pero siendo muy honesta aún tengo días en que me desconecto de mis certezas y me descubro teniendo de nuevo pensamientos del estilo ¿Cómo no va a ser bueno para mí aquello que tanto deseo?

¿Cómo no va a ser ahora el momento si yo siento y pienso que sí lo es?

Y se me repite a lo largo de la vida. Con diferentes escenarios y con temas distintos.

Y ya estamos en lío. Otra vez, luchando contra una realidad que no obedece mis deseos más profundos. Conectando enérgicamente con el sentimiento de injusticia.

Hoy me abro y te comparto desde mi vulnerabilidad porque mis chicas, en las sesiones, a veces me explican situaciones o experiencias de vida que las conectan a emociones muy parecidas a las mías. Suelen decirme “es que no te imaginas el dolor tan grande que siento” o «Es que tu no sabes lo que es» Y yo asiento. Las miro, contemplo cómo nacen sus lágrimas sanadoras soltando toneladas de frustración.

Cuando me doy cuenta que resueno, respiro y agradezco. Qué suerte haberme encontrado tantas veces en la misma tesitura. Eso me permite conocer de cerca todas las trampas de mi mente. Me permite acompañarlas y honrar su dolor. Sé que duele. Pero también tengo la convicción absoluta de que en toda crisis existe la oportunidad de ser más feliz de lo que lo has sido nunca.

La vida te cuida.

Así que hoy te comparto mi aprendizaje de vida más bestia, que me ha llegado a parecer absolutamente cruel a veces. Y es que la vida te da siempre justo lo que necesitas. Porque por muy dolorosa o desagradable que resulte la experiencia que te haya tocado vivir quiero decirte que siempre hay un mensaje en la botella.

Puedes cabrearte, luchar, y sentirte desdichada. Puedes reconocerte como víctima si lo eres.

Pero luego, te invito a salir de ahí. Y tomar una decisión: La de ser feliz más allá de tus circunstancias.

Ese es mi aprendizaje en espiral. La semana pasada ante una nueva oleada de dolores de cabeza, hablando con Aritz, mi osteópata me hizo ver que volvía a tratarse de nuevo del mismo punto de partida. Otra vez las mismas resistencias. Él me ayuda a trabajar en mi dolor desde una perspectiva psicocorporal. Conectando la tríada cuerpo-mente-emociones. Te dejaré el enlace a su instagram por si quieres saber más.

Si te interesa este tema no te pierdas el próximo episodio del podcast ahondaremos en el tema junto con Helena Nualart que nos hablara de cómo influyen las emociones en la percepción del dolor. Últimamente, percibo la necesidad en muchas de nosotras de bajar al cuerpo, de volver a habitarnos. Sobre todo cuando hablamos de personas con mentes muy activas y emociones muy intensas, como podemos ser las personas con Alta Sensibilidad, bajo mi punto de vista, el cuerpo adopta un papel esencial.

ACEPTACIÓN Y CONFIANZA.

Así que ese es mi aprendizaje como una constante en mi vida: aceptación y confianza. Y eso, a veces me cabrea. Me cabrea muchísimo. Porque aceptar y confiar que lo que transito es necesario para mi crecimiento personal y aprendizaje en esta vida, me obliga a cambiar la mirada respecto a muchos acontecimientos dolorosos del pasado. 

Y no solo eso, me obliga a responsabilizarme de mi propio crecimiento.

A veces, he tenido que llegar a dolores de cabeza treméndamente fuertes (porque soy de las que pelea duro y resisto mucho el dolor) para llegar a rendirme ante la vida.

Al final… siempre es el mismo proceso. Ahora cada vez entro y salgo más rápido. Lucho menos y confío más. Y aún así, cuando hay procesos vitales que me generan impotencia tengo que volver a recordarme que todo es necesariamente perfecto.

Que la vida me cuida. Que mi organismo va a mi favor. Que aquí y ahora todo depende de una sola decisión. La de confiar en que la vida siempre va a tratar de encontrar un equilibrio para mí. De soltar algunos deseos.

Y solo ahí, en ese estado interno de paz y serenidad. En ese lugar completamente seguro donde se expande mi ser. Donde nada está bien o mal. Donde la dualidad desaparece. Donde acepto que no tengo ni idea de nada y conecto con la fe en mi misma.

Abro las puertas a de mi corazón a un sinfín de posibilidades. Soy capaz de abrazar la incertidumbre y de volver a sonreír.

La tensión de mi cuerpo se disipa. Mi mandíbula puede relajarse. Dejo de fruncir el ceño y me permito sonreirle a la vida. Con lo que trae. Con todo.

Mi mente se silencia por un instante y una voz interior profunda me recuerda que aquí y ahora todo está bien.

Así que amiga. Te entiendo. Cómo no te voy a enteder. Pero sé que tienes el poder de sanarte dentro de ti. Puedes colocar tus pensamientos y emociones de otra forma en tu cuerpo. Sé que en ese lugar profundo de tu corazón sabes, al igual que yo, que de todo aquello que te ha hecho sufrir has podido extraer aprendizajes valiosos para ti. Que cada reto y desafío de tu vida han acelerado la elevación de tu espíritu.

¿Cuál es tu mensaje en la botella? ¿Qué necesita tu cuerpo para restaurar el equilibrio? En mi caso me pide siempre que confíe pero a lo mejor en el tuyo te pide que te ames, que te priorices, que sueltes el control, o que te liberes… ¿Qué resuena en ti? Te leo 🙂

Gisela Baz

Gisela Baz

Conscious Life Coach.
Disfruta de una vida consciente.

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