Desayuno con te y cereales

¿Te importa lo que piensen los demás?

¿Te importa lo que piensen los demás? Todos decimos “a mí no me importa lo que piensen los demás” pero no es del todo cierto. La realidad es que sí nos importa. Y bastante. Más de lo que nos gusta reconocer. Nos sentimos juzgados y criticados por todo lo que hacemos o dejamos de hacer. Todo el mundo opina y muchas veces no sabemos hasta qué punto nos afectan esas opiniones de los demás.

No pasa nada. Es normal.

No han educado para gustar, para agradar y para buscar la aprobación de los demás. Nos han educado para obedecer. Para portarse bien y hacer lo que toca.

A la mayoría nos enseñaron a ser responsables, cumplir con nuestros deberes y compromisos. Eso nos hace personas competentes en el mundo laboral y poder relacionarnos en el ámbito social.

Y eso también está bien.

¿Entonces cuál es el problema?

El problema viene cuando esas obligaciones van en detrimento de nuestros derechos o necesidades. Cuando lo que nos toca hacer va en contra de nuestra salud y de lo que nos está pidiendo el cuerpo. Cuando sentimos que aquello que se supone que hay que hacer no está en sintonía con nuestras emociones. Cuando empezamos a sentir cierto malestar en forma de estrés o ansiedad.

El problema no es ser responsables y comprometidos. Querer gustar a los demás y caer bien. El problema es que se olvidaron cuando éramos pequeños de remarcar que lo más importante era gustarnos a nosotros mismos. Que lo primero era escucharnos. Y que de la misma manera que queremos dar respuesta a las demandas sociales de la misma forma deberíamos buscar dar respuesta a nuestras propias necesidades adultas.

chica que baja ritmo y desayuna en calma sin importarle lo que piensen los demás.

Nos importa lo que piensen los demás porque somos responsables.

A lo primero que deberíamos dar respuesta es a lo que nuestro cuerpo pide y a lo que nuestra alma grita. El reto está en aprender a escucharnos.

Lo bonito es que ahora nosotros, los adultos, ya sabemos qué fue lo que faltó, así que podemos decidir educar equilibrando esa balanza para poder aportar esa idea a los niños y niñas de ahora. Y que vayan aprendiendo a discernir sus necesidades a medida que se vayan haciendo mayores.

¿Cómo? Indicando a los más pequeños la importancia de ser responsables, del valor del esfuerzo y el compromiso pero a la vez dándole valor al derecho de escucharse y de ser coherente con uno mismo para hacer y decidir lo que uno quiera y necesite en cada momento más allá de la opinión de los demás.

Cuestión de ritmos.

Por ejemplo, si miro en mi sector, el educativo, veo que las redes están llenas de memes de maestros estresados. Hace gracia y queda aceptado que el estrés, la ansiedad y las noches sin dormir deben formar parte del sistema laboral. Yo digo NO.

Para muchas personas, el ritmo de vida actual y la lluvia de estímulos constantes, es algo válido. Les funciona y no sienten malestar. Pero si tú eres de las que siente estrés, ansiedad o simplemente notas que «pasan demasiadas cosas» en tu día a día. Creo que el mejor ejemplo que les podemos dar a los más pequeños es el aprender a diseñar una vida respetuosa con sus necesidades reales como ser humano.

Piensa, siente y prioriza que es lo verdaderamente importante para ti.

“No es signo de buena salud el estar bien adaptado a una sociedad profundamente enferma”

Jiddu Krishnamurti

Elijo la calma, la presencia, la quietud. Solo desde ahí puedo ofrecer al mundo mi mejor versión. Elijo descansar, sonreir y la paz.

Libérate de la culpa.

Y parece mentira que suene a locura lo que para mí es plena cordura en un mundo frenético que pasa por la vida de puntillas.

Cada uno sabe lo que necesita. No somos iguales. Cada uno debe marcar su propio estilo de vida. Es urgente y necesario que adoptemos estilos de vida ecoeficientes con nuestra manera de ser y de sentir. Debemos crear vidas sostenibles que nos ayuden a sentirnos respetadas. Ofreciendo espacios de escucha y para rehacerse. Todos necesitamos un cierto ritmo vital en el día a día pero tenemos el derecho de elegir el tempo que queremos marcar sin que nos importe lo que piensen los demás o lo que establezca la sociedad actual como «normal».

Así, que si tú también sientes que eres un o una inadaptada, felicidades. Si sientes que el mundo va demasiado deprisa, si eliges la presencia y el bajar marchas, bienvenid@. Hoy en día ser una persona que practica el autocuidado conlleva un acto de rebeldía.

Gisela Baz

Gisela Baz

Conscious Life Coach.
Disfruta de una vida consciente.

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