Gestionar la frustración

¿Cómo gestionar la frustración?

Me habéis hecho esta pregunta muchísimo por redes sociales. Es lógico porque que el momento actual está cargado de frustración, de planes truncados y de expectativas fallidas. Estamos viendo cómo día a día muchos de nuestros objetivos de van al traste. Nos habían advertido sobre la incertidumbre pero ahora somos más conscientes de que la vida es totalmente impredecible.

Ya sabes, que me cuesta lanzar mensajes sobre desarrollo personal muy generalizados porque cuando hago sesiones de coaching y sale el tema de la frustración, lo que hacemos es definir que significa sentir la frustración para esa persona y ponerla en contexto. Pero voy a intentar arrojar un poco de luz sobre el tema.

Antes que nada te invito a observar cuándo aparece en ti la frustración.

  • ¿Aparece cuando te habías imaginado como sería algo y luego no sucede exactamente como esperabas?
  • ¿Cuándo esperas un resultado y pasa lo contrario?
  • ¿Cuándo sientes que la vida no te corresponde?
  • ¿Cuándo te comparas y ves como las demás sí consiguen lo que tú deseas?
  • ¿Cuándo sientes que los demás no te comprenden?
  • ¿Cuando los demás no hacen o dicen lo que tu esperas?

Fíjate que aunque la frustración siempre aparece tras la sensación de un deseo no cumplido, hay muchas situaciones que pueden llevarte a sentirla. Así que el primer paso, como siempre digo, es reconocer la emoción en ti. Detecta en qué momento nace la frustración y qué la desencadena. Des de ese estado de consciencia ya vas a tener mucha información sobre por dónde empezar a trabajar.

Siempre habrá algún tema concreto de base en el que puedas poner el foco para disminuir los niveles de frustración. Por ejemplo, si sientes mucha frustración porque sientes que tus planes de vida no se cumplen como tu esperabas, quizás podrías trazar un plan de acción para mejorar la satisfacción en algunas áreas concretas de la vida. Valorar qué parte está en tu mano y qué podrías hacer para aumentar tu bienestar.

Aceptación y Resiliencia

En términos generales la idea es responsabilizarte de tu bienestar y de salir del rol de víctima para poder hacer algo al respecto.

Y para ello, existen dos capacidades esenciales que hay que cultivar, la aceptación y la resiliencia.

La aceptación es la capacidad de reconocer las situaciones no deseadas de nuestra realidad sobre las que no podemos hacer nada para modificarlas, aprendiendo a asumirlas (sin quejas ni excusas) y así fortalecer nuestra tolerancia a los fracasos, pérdidas o desengaños vitales. No es resignación, ya que si bien no podemos cambiar la situación sí podemos tomar acción para buscar la forma de mejorar nuestra felicidad.

Es como la famosa frase que siempre os digo de ¿con lo qué hay que hago? a mi me ayuda mucho porque implica la aceptación y a la vez, te invita a ser proactiva.

La resiliencia es la capacidad humana de asumir (aceptar) con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas, pero en psicopedagogía añadimos algo más al concepto de resiliencia: no sólo gracias a ella somos capaces de afrontar las crisis sino que también somos capaces de salir fortalecidos de ellas.

Es decir, Resiliencia supone transitar una situación dolorosa, extraer aprendizajes y ser capaz de transformarte. Para mi, es la capacidad de poder aprovechar las adversidades para crecer.

Personalmente, gestionar la frustración ha sido clave para mi bienestar. Estoy transitando procesos vitales dolorosos que me hacen sentir muy frustrada y muy triste. Desarrollar la estas dos capacidades, la aceptación y la resiliencia, me ayuda a poder mantener la alegría y el entusiasmo por todo aquello que sí funciona en mi vida.

Atiende a tu niña interior.

No siempre es fácil mantenerse conectada con la aceptación y al resiliencia. Sé que hay días horribles en que desearías cerrar los ojos y que al abrirlos aquello que deseas simplemente se sucediera ante ti. Está bien. Puedes cagarte en todo un ratito. Puedes patalear y hacer una rabieta si quieres.

Cuando la niña interior se rebela ante un mundo que no siempre se corresponde a lo que ella desea es importante que podamos escucharla, sostenerla y abrazarla. Cuando me encuentro en ese lugar, recurro a la adulta que hay en mí. Me hablo con amor:

«Gis, se que las cosas no son como te gustaría que fueran. Sé que te duele y que te enfada. A mi también me gustaría que todo fuese más fácil a veces. Pero… con lo que hay que hacemos?

Qué necesario aprender a hablarnos con cariño en esos momentos. No estamos acostumbradas a darle espacio y a atender a esa niña interior que se frustra cuando no ve cumplidos sus deseos.

De esa forma vuelvo a recuperar las riendas. Siento que la adulta toma de nuevo el control y des de ahí puedo abrirme al aprendizaje y a la evolución. La frustración nos obliga a aprender a tratarnos bien a partir de aquello que nos hace daño.

Las dificultades que vivimos contribuyen a que aceleremos nuestra evolución.

Gisela Baz

Elige tu actitud.

Sé que me repito mucho con este tema, pero es que es la última de las libertades del ser humano. Poder elegir la actitud con la que vas a transitar lo que te ha tocado vivir. La situación es la que es.

Puedes quedarte enganchada a la frustración, pasarte el día maldiciendo tu mala suerte y preguntándote ¿por qué te ha tocado a ti vivir algo así?

O levantar el culo del sofá y ponerte a bailar al son de la música que suena en ese instante. (No es solo una metáfora, en serio, ponte música y baila com si no hubiera un mañana)

Ah! y la primera opción es una mierda, créeme, la he probado.

¿Qué te hace sentir frustración en estos momentos? ¿Qué te ayuda a ti a gestionarla?

Gisela Baz

Gisela Baz

Conscious Life Coach.
Disfruta de una vida consciente.

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