coaching feminista

Coaching Feminista

Tenía muchas ganas de hablarte de este tema porque seguro que si ya hace tiempo que estás por aquí, me escuchas en el podcast o me ves por stories de Instagram, te habrás dado cuenta que cada vez hablo más de esencia o energía femenina, de liderazgo femenino o de la autoestima con perspectiva de género.

Soy Coach de mujeres, y quiero explicarte porque una mirada feminista en el acompañamiento que realizo es para mí imprescindible y necesario.

En las sesiones individuales con mis coachees surgen siempre temas muy relacionados con nuestra identidad como el amor propio, la autoestima corporal o las diferentes dimensiones que podemos tener como mujer: madre, hija, hermana, amiga, esposa, profesional, etc.

Cuando acompaño a una mujer no puedo obviar que todos estos elementos se han construido bajo la mirada de una sociedad patriarcal que desde el momento en el que naces, y dependiendo del sexo, vierte un millón de expectativas sobre ti.

Las niñas que fuimos.

El Coaching es un proceso enfocado al cambio y al futuro, no se centra demasiado en sanar traumas del pasado como otras terapias, pero com psicopedagoga se me hace imprescindible revisar nuestras infancias. Las niñas tenemos instaladas un montón de creencias sobre quienes somos o sobre lo que se espera de nosotras. Desde muy pequeñas deciden sobre nuestros cuerpos, se generan desigualdades, nos educan para complacer, para cuidar y entregarnos a los demás, para no alzar demasiado nuestra voz y para ser constantemente productivas o útiles.

Nos relegaron a papeles secundarios o poco protagonistas en todas las historias que nos contaron. Nos costaba encontrar referentes que no respondieran siempre al mismo estereotipo. Nos dijeron a través de los medios y de la educación cómo se suponía que una niña debía comportarse. Incluso se nos impuso de una forma más o menos sutil el cómo debemos sentir.

Todas hemos buscado de una forma u otra la aprobación de papá como figura de poder a nivel social y hemos rechazado alguna parte de nuestras mamás a las que hemos percibido con cierta debilidad o vulnerabilidad. Quisimos ser fuertes y valientes para hacer cosas importantes como los hombres. Muchas renunciamos a escuchar nuestros cuerpos y nuestras certezas tratando de encajar y cumplir con lo que de nosotras se esperaba.

Desajustes hormonales, dolor de cabeza, dolor menstrual, cansancio, estrés, ansiedad, irritabilidad o apatía son solo algunos de de los síntomas que arrastramos por tratar de encajar en una sociedad profundamente enferma que relaciona el éxito con el sacrificio, el sufrimiento y la entrega sin medida.

Crecimos sin referentes.

Muchas hemos crecido sin grandes referentes. Te imaginas haber crecido rodeada de mujeres con buena autoestima capaces de gestionar su mundo emocional? ¿Mujeres conscientes de su sabiduría femenina? Dispuestas a cuestionar el status quo y a revisarse.

Seguramente, tus gafas a través de las cuales miras el mundo serían de un color distinto. Quizás creer en ti sería algo mucho más natural.

Pero la realidad es que la mayoría de nosotras tenemos que aprender a creer en nosotras y dejar de percibir a la de al lado como competencia. No aprendimos el valor de la sororidad y de la colaboración. Es algo que hemos ido descubriendo después de habernos sentido muy solas.

Hemos crecido sintiendo que no merecemos mucho. Que lo que somos nunca es suficiente. Que siempre hay algo «mal» en nosotras, algo que debemos «arreglar».

Nos volvimos autoexigentes. Desconfiadas. Inseguras.

Para mi el feminismo empieza por recuperar tu infancia, revisar qué te sucedió de niña y qué hiciste con ello. Pregúntate cómo afecta eso a tu vida actual. ¿Qué influencia tiene en tu forma de ver las cosas? ¿por qué haces lo que haces? y ¿para qué?

Las personas percibimos la vida en gran parte por fueron nuestras experiencias de la infancia. Nuestros padres y madres fueron nuestros primeros referentes. A través de ellos y de sus comportamientos nosotras aprendimos a ver la vida. Fueron el primer regulador emocional.

Nuestros padres nos transmitiros la mayoría de los valores y creencias que determinan quienes somos hoy. Y esa información que recibimos pasó de forma casi inmediata a nuestro subconsciente sin plantearnos o cuestionarnos la veracidad de dicha información. La dimos por válida y determinó nuestra forma de pensar y de actuar.

Sigo aprendiendo.

No soy ninguna experta. Sigo aprendiendo día tras día. Me deconstruyo compartiendo y sobretodo escuchando a las demás mujeres y diferentes colectivos porque todas somos hijas del patriarcado. Nadie se ha criado en otro planeta y está libre de juicio. Así que yo también estoy en ello. A veces meto la pata, evoluciona mi discurso o simplemente expando mi consciencia.

Por eso intento aprender a relacionarme con otras mujeres desde la colaboración y la confianza. Y creo en la fuerza de los grupos de mujeres como herramientas muy potentes de sanación y de empoderamiento. Ojalá pronto podamos volver a los talleres presenciales para poder reecontrarme y rodearme de bellas mujeres.

¿Qué opinas tú sobre este tema? ¿crees que la palabra feminismo genera rechazo hoy en día? ¿te habías planteado temas sobre coeducación? ¿te interesaría saber más? Tel leo 😉

Gisela Baz

Gisela Baz

Conscious Life Coach.
Disfruta de una vida consciente.

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