Acompañamiento Emocional en la Infancia

Hoy quiero explicarte por qué es importante el Acompañamiento Emocional en la infancia sobre todo en la etapa de 0-6 o incluso podríamos decir que hasta los 7 años. A estos primer años de vida se les conoce como la Etapa Sensible ya que los niños/as viven la mayoría de sus «primeras veces», está llena de nuevas experiencias a través de las cuales establecen la mayoría de sus creencias sobre como funciona el mundo y sus relaciones.

Este marco de pensamientos ligados a sus emociones determinaran sus acciones futuras, su manera de comprender y sentir aquello que les sucede en la vida. Las vivencias de la Etapa Sensible determinaran su desarrollo psicológico y emocional posterior.

¿Qué significa acompañar?

Acompañar significa tener la capacidad de estar presentes y disponibles ante el mundo emocional propio y de los demás. Eso significa que vamos a necesitar cultivar una serie de actitudes y aptitudes si queremos acompañar de verdad a los niños/as.

La escucha.

La escucha no es solo poder oír aquello que tienen que decirnos. Se trata de escuchar a través de tu sensibilidad y empatía. Escuchar de forma activa y con la suficiente apertura para poder captar aquello que intenta comunicarte. No solo con las palabras. En el caso de los niños/as será necesario observar, sus gestos, su mirada, sus reacciones… Todo ello nos da información sobre su mundo interior.

Para poder escuchar a los demás y saber qué necesitan primero y esencial debemos aprender a practicar nuestra escucha interna. Escucharnos a nosotras mismas, nuestras emociones, pensamientos y cuerpo. Te invito a practicar la escucha a partir de la pregunta ¿Qué necesito para ganar bienestar? ¿Puedo dármelo yo? ¿Puedo pedir aquello que necesito?Necesitarás encontrar un espacio de calma y silencio para poder observar dónde están tus necesidades en estos momentos.

La disponibilidad.

Estar disponible no es fácil. A veces, nos pensamos que solo con el hecho de estar al lado de otra persona es suficiente para que se sienta acompañada. Y puedes ser, a veces, no hace falta decir nada y basta con estar. Pero es necesario que esa presencia sea desde una actitud de apertura y disponibilidad emocional.

Una disponibilidad que te permita acceder a los sentimientos del niño/a y que invite al otro a confiar, a sentirse seguro y a estar convencido de que no se está bajo ningún juicio. Una disponibilidad que transmita «Estoy aquí si me necesitas» o «puedes contar conmigo».

La validación.

El Acompañamiento Emocional en la Infancia también pasa por validar nuestras emociones y las de los niños/as. No debemos valorar si está bien o mal sentir como nos sentimos. Las emociones están ahí y surgen antes determinadas situaciones. Nos acompañan. No podemos elegir sentir la tristeza o la rabia lo único que podemos escoger libremente es qué hacemos con aquello que sentimos.

De este modo, para poder regular y gestionar las emociones el primer paso es no negarlas. Si le decimos a un niño/a «no llores, no pasa nada, no tiene tanta importancia» sin ni siquiera haber parado un segundo a empatizar con él o ella, estaremos mandando el mensaje erróneo de que lo que siente no es legítimo. En cambio, podríamos usar palabras como «veo que esto que ha pasado te ha hecho sentir muy triste» «o siento mucho que te haya molestado tanto».

Cuando vemos que alguien tiene una reacción exagerada o dramatizada frente algún episodio lo que sí podemos hacerle notar es que la manera de expresarlo, su respuesta, nos parece exagerada. Podemos ofrecerles una salida ante emociones muy intensas que les permitan salir del caos emocional del momento. Buscar alternativas menos autodestructivas.

Pero intentaremos siempre no juzgar nuestras emociones ni las de los demás para poderles acompañar de forma respetuosa con su manera de ser y estar en el mundo.

¿Acompañar o trabajar las emociones?

Una cosa es hacer actividades en la escuela hablando de las emociones o comprarle un cuento al niño/a que hable sobre la a alegría o el miedo y la otra muy distinta es saber qué hacer cuando aparecen emociones intensas en el día a día. Una cosa es tener recursos, herramientas que nos ayuden a poner nombre, a reconocer las emociones y a integrarlas en nuestro vocabulario y otra muy distinta es tener la capacidad de ayudar a gestionar el mundo emocional de los pequeños cuando lo necesitan.

Hace años que observo como se racionaliza o intelectualiza el tema de las «emociones» a través de actividades cognitivas. Y no es que esté mal, pero es suficiente si no acabamos de comprender que el Acompañamiento Emocional en la Infancia requiere que los adultos pensemos sobre nuestro el mundo emocional propio, sobre cómo somos y cómo percibimos aquello que nos pasa. Es necesario que integremos la conexión y el amor con el otro y la aceptación con aquello que está pasando.

Si te interesa el tema te invito a venir al Encuentro presencial en Barcelona donde hablaremos sobre como nosotros, los adultos, expresamos nuestras emociones, qué recursos propios tenemos para autoregularnos, cómo es nuestro entorno relacional para poder realizar un Acompañamiento Emocional Consciente y aprender a cultivar nuestra percepción.

Gisela Baz

Gisela Baz

Conscious Life Coach.
Disfruta de una vida consciente.

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